Guaranda, ciudad mágica

La llamaban el pequeño pueblo, la ciudad pujante, términos discutibles que dependen de la época en que te fuiste, de la afinidad política con el gobernante de turno, o si vives todavía allí; pero nadie discute que puedas llamarla: mi tierra, la tierra, un significado más puro sin condimentos de la ocasión.

La magia de su geografía está en sus grandes murallas verdes naturales, su gran torre de pico blanco andino y su gran ventana sur, hacia el horizonte marino de donde vienen sus vientos de verano, bañando de energía sus calles empinadas e introduciendo en las casas la alegría del vecino.

La magia de su gente, la señora de la tienda, el doctor, el policía, el fotógrafo, todos tienen nombre propio en Guaranda, todos se conocen con esa familiaridad que hace que sientas la importancia de la comunidad, la plaza, el parque.

Si eres foráneo un mapa no te va a servir, ya que con los apodos familiares basta para tu destino conseguir santo y seña y un chisme demás. El apodo guarandeño, es el mejor escudo familiar.

Cuando pensaba en el producto estrella de la tierra, en el distintivo generalizado, pensé en un abogado ya que al queso le gana y lo deja de lado.

Cuando pensé en qué relación tengo con Guaranda vi que ya soy un extraño entonces escribí estas palabras para sentirme un poquito más cercano.

Felices 195 años.

Autor: Renato Escorza Camacho, guarandeño residente en Quito, con motivo de los 195 años de independencia de la ciudad de Guaranda.
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